Andrés Quiro, un hombre afrodescendiente que creció integrado a la comunidad indígena Wounaan Nonam en el resguardo de Santa Rosa de Guayacán, en la zona rural de Buenaventura, fue identificado y entregado a su familia adoptiva tras 14 años de desaparición en el contexto del conflicto armado.
Andrés nació en Cali, pero fue adoptado desde niño por una sabedora y un médico tradicional de la etnia Wounaan Nonam. Creció a orillas del río Calima, habló con fluidez el Woun meu y participó activamente en la vida comunitaria. Su hermano Arlington, hoy profesor, lo recuerda como parte integral de su entorno: "él era también guardia menor, cuando había eventos en la comunidad él participaba bastante. Por el momento estamos felices como familiares de recibir el cuerpo de Andrés y lo he soñado, porque él me ha dicho que su espíritu está alegre de regresar".
En 2010, en circunstancias no esclarecidas, Andrés se vinculó a un grupo armado con presencia en la región. Un año después, su familia fue alertada de un bombardeo en la zona limítrofe entre Valle del Cauca y Chocó. Su madre intuyó lo peor. Andrés falleció en medio de las hostilidades en 2011, cerca del río San Juan.
El Ejército Nacional trasladó el cuerpo al Instituto Nacional de Medicina Legal en Cali, donde se practicó la necropsia. Sin embargo, no fue posible establecer su identidad en ese momento, por lo que fue clasificado como Cuerpo No Identificado (CNI) e inhumado en el camposanto San José de Siloé, junto a otros cuerpos producto del conflicto armado.
Catorce años después, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) adelantó un análisis documental de los ingresos de cuerpos provenientes de combates en la región. Tras identificar indicios de que las estructuras óseas halladas en ese cementerio podrían corresponder a Andrés, la entidad inició el proceso de recuperación.
La identificación no pudo realizarse mediante prueba genética, dado que la familia adoptiva de Andrés no tenía parentesco consanguíneo con él. En su lugar, la UBPD realizó un reanálisis de huellas dactilares obtenidas en el registro civil y las tomadas durante la necropsia, con apoyo del archivo de la Registraduría Nacional del Estado Civil y pruebas dactiloscópicas del Instituto Nacional de Medicina Legal. El resultado permitió establecer de forma fehaciente la identidad del cuerpo.
Este caso reafirma que la búsqueda humanitaria no está reservada exclusivamente a los parientes biológicos. La familia social, según lo establecido por la UBPD, también tiene derecho a conocer el paradero de su ser querido.
El rastro de la familia se había perdido hacía más de una década. Gracias a la intervención de la Corporación Humanitaria Reencuentros, se logró contactar a uno de los hermanos adoptivos de Andrés. Su madre de crianza, quien lo esperó hasta sus últimos días de vida, había encomendado a la comunidad recibir a Andrés con dignidad.
La entrega se llevó a cabo mediante un acto culturalmente pertinente para el pueblo Wounaan Nonam, cerrando un largo capítulo de incertidumbre sobre el paradero de Andrés Quiró para su comunidad y su familia.
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