Por: Diego Calero Sánchez
Tal como lo vaticinaron todas las firmas encuestadoras, los dos candidatos a la Presidencia que entraron a la recta final son Petro y Duque. La sorpresa la dio el candidato Fajardo, que comenzó a subir en las últimas semanas y poco le faltó para clasificar a la contienda final.
Los enemigos de Iván Duque lo atacan con base en dos premisas: que es un candidato de extrema derecha y que es un ‘saquero’ de Álvaro Uribe. Igual señalamiento le hicieron en su momento a Oscar Iván en la pasada campaña.
Hasta la presente, se puede decir que su personalidad y su talante han demostrado durante toda su trayectoria en la actividad política, rasgos de independencia, defendiendo sus propias ideas y convicciones, que no distan mucho de las expuestas por Uribe. Pero es que de eso, justamente de eso, es que se trata la vinculación de las personas a los partidos.
De acuerdo a lo visto en los innumerables debates, ha demostrado coherencia en sus propuestas. Otra cosa muy distinta es que no estoy de acuerdo con las propuestas tan pobres que ha presentado para Buenaventura.
Dice que ampliará la calidad de la atención en salud en la región, con la construcción de un hospital de tercer nivel de complejidad en Buenaventura.
Propone integrar el turismo con la ‘Economía Naranja’ “porque allí hay oportunidades enormes para el desarrollo responsable. Este país tiene una deuda cultural, debemos volver a hablar de la historia afro de Colombia y su influencia”.
Ni siquiera revisó las motivaciones que llevaron al pueblo porteño a un paro cívico histórico.
Gustavo Petro ha insistido en dos temas a los cuales me referiré, además de muchos otros que expresa con absoluta convicción.
Afirma que si llega a la Presidencia en 10 años se agotaran las reservas petroleras por eso prohibirá su explotación al igual que la del carbón. Voy a dar unos datos para que los lectores se formen una idea de por qué creo que son afirmaciones sin sustento, por consiguiente, engañosas, lo que es imperdonable.
En el mundo se ha dado una batalla para sustituir el petróleo desde el acuerdo de Tokio hace 19 años, por sus efectos contaminantes. Además, los países que carecen de este material energético les interesa sustituirlo, por razones obvias.
Actualmente el 80 % de la energía es producida por petróleo, carbón y gas, solamente el 3 % proviene de energías limpias, eólica y solar. Se pretende continuar en este loable empeño y se espera llegar al 6 %, en el año 2030. Países como España que han luchado por muchos años para sustituir su dependencia petrolera, ha logrado disminuirla al 75 %. La eólica, solar y geotérmica solamente provee el 6 % del consumo. Él promete hacerlo en 10 años. Ignora que también afectaría la industria de los plásticos.
Afirma que en su Presidencia se abolirán las EPS, en lugar de controlarlas. Su gobierno se haría cargo de la salud de manera integral. Volveríamos al Seguro Social, de ingrata recordación. Los hospitales gestionados por el Estado son un ejemplo patético del fracaso administrativo. Igual ocurrió con las EPS como Calisalud o Cajanal.
Cuando se nacionalizan los servicios, desaparece el control estatal, ya que el controlador no puede ser al mismo tiempo el administrador, además se aumenta el riesgo de la corrupción. Se priorizan los beneficios políticos así que se pasará de repartir mermeladas a repartir hospitales entre los partidarios del régimen.
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